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¿Por qué mi coche pierde potencia?

Un automóvil es una máquina compuesta por miles de piezas que, según su estado, su ajuste y su mantenimiento, pueden funcionar eficientemente o ser un quebradero de cabeza. De hecho, en ocasiones, una avería que parecía ser de un componente, resulta ser de otro muy diferente cuyo funcionamiento afecta a muchos otros.

 

Realmente, un vehículo es algo muy complejo que puede verse afectado por muchos factores. Por ejemplo, un neumático con la presión errónea puede afectar a la dirección, a los frenos y a la suspensión de forma que parezca que son esos sistemas los que sufren avería. Pero de todo el coche, una de las partes más complejas es el motor, que puede verse afectado incluso por los cambios de temperatura.

 

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Son muchos los factores que influyen sobre el funcionamiento del motor, más de los que parecen, aunque la evolucionada electrónica actual los camufla con diversos cambios en los parámetros de funcionamiento sin que nadie se de cuenta. Aunque no siempre puede solucionar los problemas y es posible que notemos falta de potencia en alguna ocasión. ¿Es preocupante? Esto es precisamente lo que vamos a ver.

 

Pueden ser muchos los motivos por los que tu coche pierde potencia y entre lo más simples, están unos neumáticos con la presión incorrecta ya mencionados. En este caso no es falta de potencia, sino una sensación que se obtiene al encontrarse el motor con una mayor resistencia al avance. Sensaciones similares pueden aparecer si hemos cambiado las ruedas por otras de mayor diámetro y/o anchura o incluso es posible que no se haya quitado por completo el freno de estacionamiento.

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También existen otro más preocupantes, como por ejemplo averías en el motor. Es posible que las válvulas no hagan su trabajo correctamente. Estas válvulas son las encargadas de regular la entrada y salida de gases al motor (entra combustible más oxígeno y sale el humo que vemos por el escape), si no cierran correctamente o no abren como deben, el motor no desarrolla la potencia que anuncia el fabricante. Puede ser una reparación muy simple, como un reglaje de válvulas, o problemas mucho más serios como un muelle roto (se encarga de cerrarlas y de mantenerlas cerradas) o árboles de leva en mal estado.

 

Solución simple barata puede ser un filtro de aire sucio. Al no permitir la entrada de aire correcta, el motor no dispone del oxígeno necesario para quemar el combustible y por tanto, no se obtiene la misma potencia. Algo más complicado de solucionar es un sistema de alimentación sucio o averiado (fugas, desajustes, roturas en tuberías) o bien, que haya problemas eléctricos. Las bujías, encargadas en los motores de gasolina de prender la mezcla combustible-aire, necesitan mucha tensión y un sistema eléctrico defectuoso no lo permite. También es posible que toque cambiar esas bujías, algo que podemos hacer nosotros mismos. Ese fallo eléctrico puede afectar a la bomba de combustible, a la centralita de gestión electrónica y a otros sistemas.

 

Por otro lado, es posible que no sea problema del motor, sino de otro componente como los frenos, el embrague o la sujeción de las propias ruedas, que generan lo que se llama ‘pérdida por rozamiento’. El motor no pierde potencia, pero se encuentra con una mayor resistencia al avance y necesita aplicar más trabajo para mover el vehículo, dando la sensación de falta de caballaje.