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¿Por qué es tan importante la presión de las ruedas?

Las ruedas son la única parte del coche que toca el suelo, así que su estado y mantenimiento es sumamente importante. De su funcionamiento dependen la eficacia de otra serie de elementos como los frenos y puede afectar incluso al consumo de combustible.

 

Por su configuración, básicamente un componente de caucho lleno de aire, requiere de una serie de cuidados determinados que, en lo que al conductor se refiere, se limita a dos: revisión de su estado y revisión de la presión.

 

Cuando revisamos el estado, nos aseguramos que no están excesivamente gastados, que no tienen golpes ni fisuras y que no están deteriorados en general. Con la presión, mucho más sencillo, nos aseguramos que tiene la que marca el fabricante. Y esto es tan importante o más que su estado general, aunque por lo general, los usuarios no revisen la presión durante meses.

 

La presión de las ruedas es importante porque afecta a su correcto funcionamiento. Si el neumático está demasiado hinchado, contará con una curva excesiva en su centro hacia afuera, que reduce peligrosamente el agarre al asfalto (se reduce la estabilidad, se reduce la frenada, se reduce el agarre en curvas…), provoca un desgaste irregular por el centro y pueden llegar a aparecer vibraciones molestas que incluso podrían desajustar la dirección.

 

Si el inflado de los neumáticos es deficiente por falta de presión, ocurre lo mismo que antes a excepción del desgaste irregular, que se produce en los flancos y por otras situaciones igual de peligrosas. Por un lado, al no contar con la presión suficiente, el neumático se deforma de forma inesperada provocando pérdidas de trayectoria y posibles salidas de la vía. También se sobrecalienta en exceso reduciendo drásticamente su vida útil. Los frenos no detienen el coche al no agarrar el neumático sobre el suelo y la dirección es totalmente imprecisa y cuesta girar el coche.

 

Esto podría ocurrir en el peor de los casos, cuando la presión de las ruedas es muy, muy deficiente. Por lo general, el conductor notará vibraciones, pérdida de comodidad al conducir, verá como el coche tiende a irse hacia un lado (depende del neumático con mala presión), que las ruedas suenan mucho, que el coche hace cosas raras a determinada velocidad y una larga lista de síntomas que avisan del estado de los neumáticos. Si dejamos avanzar el problema y no hacemos caso, pasaremos a lo anteriormente descrito.